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El Blablámetro, un termómetro para el uso de las palabras

El Blablámetro, un termómetro para el uso de las palabras

A lo largo de tu vida ¿a cuántas conferencia has acudido que te hayan aburrido? Probablemente has perdido la cuenta de las veces en las que un ponente te ha hastiado con su presentación. Ahora se invierten los papeles y tú eres el que tiene que exponer ante un público. Si detestas que te aburran, deberías ser coherente y aplicar a tu oratoria la llamada regla de plata, que reza: “no hagas a los demás lo que no quisieras que hagan contigo”.

Básicamente son dos los requisitos que debe poseer un buen orador, calidad de contenido y expresividad. En este artículo nos centraremos en el primero de ellos, ya que descubrirás una herramienta que te permitirá pulir el contenido de tu charla.

En palabras del Profesor Javier Amorós, “la oratoria consiste en expresar con belleza el pensamiento propio”. El problema radica cuando para expresar ese pensamiento en pro de la belleza, se acaba abusando de las palabras o no se eligen las más adecuadas. Por suerte, di con un simple mecanismo que ha diseñado Dan Roam, el afamado consultor de la oficina de comunicaciones de la Casa Blanca, para evitar aburrir al público. Podrás hacer frente a este problema en la fase de preparación de tu presentación. A continuación te explico cómo funciona.

BlablametroEn su libro Bla bla bla, Dan lo llama “El Blabámetro”. Se trata de un dispositivo, a modo de cuadrante, que sirve para detectar qué palabras se emplean eficazmente y cuáles sobran. Así, nos servirá de termómetro para obtener en qué medida estamos interesando o aburriendo.

Al comenzar la preparación, debemos tener en cuenta tres puntos sobre nuestra ponencia:

1.- Cómo es el mensaje

2.- Cómo está la idea

3.- Cuál es la intención

Analizando estos tres aspectos realizas una valoración sobre tu texto que determinará cómo usas las palabras que empleas sobre una escala de cuatro calificaciones («sin bla- bla-bla», «bla», «bla-bla» y «bla-bla-bla». Analiza cada fragmento de tu charla y evalúalo según el cuadrante que se muestra. Cuanto menos “blas” contenga tu discurso, mejor conectarás con tu público.

Para ver de forma práctica el funcionamiento del Blabámetro vamos a usar la famosa conferencia que expuso Steve Jobs en la Universidad de Standford. Aprovecha para verla si aún no lo habías hecho, y si ya la conoces vuelve a visionarla, no está de más recordarla:

El primer filtro que hay que tener en cuenta es, que con nuestras palabras, se capte el mensaje a la primera. Nunca olvides que una pregunta obligada que tienes que formularte antes de comenzar a preparar tu ponencia es ¿qué mensaje quiero que se lleve mi público? Tu exposición debe contener un mensaje, cuanto más claro, mejor. El mensaje constituye el objeto de tu comunicación.

Usando el ejemplo de la charla en la Universidad de Stanford, tendríamos que evaluar en qué nivel está el mensaje de la conferencia, a valorar entre: claro, aburrido, confuso o desacertado. Cuanto más se acerque el estado del mensaje al cuadrante izquierdo (claro) mejor estaremos transmitiendo nuestro mensaje al público.

Y ahora decide tú ¿Cómo es el mensaje de Steve Jobs?

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La segunda fase del Blablámetro tiene que ver con la idea de tu ponencia, aquella que quieres transmitir a tu público. Es importante no intentar expresar una pluralidad de ideas a la hora de exponer ya que la clave radica en que tengas una “idea fuerza” que constituya la  idea central de tu charla. Con la idea fuerza me refiero a aquello que deseas que el público se lleve o recuerde cuando finalices. Si quieres profundizar más sobre la importancia de las ideas, aquí tienes un enlace al artículo Una única idea en la Teoría del Uno.

Esta hilera sirve para evaluar la calidad de tu idea, ya que a veces, hasta que no la expresas con palabras, no eres consciente de cómo está esa idea. Explicar una idea muestra la realidad de cómo es realmente tu idea, y cuanto más te cueste explicarla, más alejado estarás de poder transmitirla a tu público, hasta el punto de que la idea puede ser inexistente, o mucho peor, que esté podrida.

En el caso del discurso del fundador de Apple, aunque en el comienzo de su charla la idea pueda parecer complicada por la correlación de historias y situaciones tan diversas, Jobs acaba expresando de forma clara cuál es su idea principal, y mejor aún, al público se le queda grabada a fuego porque, si había algún despistado, él concluye con una llamada a la acción que da forma a su idea “¡Seguid hambrientos. Seguid alocados!”.

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El tercer grado tiene que ver con la intención del orador. Marco Fabio Quintiliano, en su gran obra Instituciones de Oratoria, mantenía que “El orador es un hombre bueno, diestro en hablar”. Sin embargo la historia ha puesto de manifiesto que la palabra hablada también sirve para que personas con viles propósitos obtengan el poder, y a todos nos vendrá a la cabeza el caso de Adolf Hitler. Hay ocasiones en las que lo que se pretende con una ponencia es ayudar al público a superar un obstáculo y otras en las que la pretensión del ponente es colmar su necesidad ególatra. Tú, acorde a tus valores, debes plantearte cuál es la motivación que persigues con tu discurso y ahí subyace la verdadera intención de tu ponencia.

En la tercera línea del Blablámetro se examina el grado de “bla” según la intención de la charla. Como hemos visto, distintas son las intenciones que pueden motivar al orador para dar su discurso, en función de esto, evalúa si tu intención es:

  • Aclarar: Ofrecer al público soluciones desconocidas y mostrarte como facilitador.
  • Clarificar: Cuidado porque puedes aburrir si la idea resulta excesivamente enrevesada.La complejidad de la idea siempre requiere su aclaración.
  • Ofuscar: Cuando el orador no tiene claro la idea principal cae en gran cantidad de imprecisiones, el conjunto resulta enmarañado y provocará la confrontación del público.
  • Distraer: A sabiendas que su propósito no es noble y que el público no compartirá su idea, el orador pretenderá distorsionar sus palabras para confundir al público intencionadamente y ocultar su intención verdadera.

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Ahora analicemos de nuevo la charla de Steve Jobs. El discurso es directo, lo que facilita la acción al interlocutor: “No os dejéis atrapar por el dogma que es vivir según los resultados del pensamiento de otros”, “No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior”, “tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición”. Parece ser que la motivación del orador era que los recién licenciados actuaran según sus propios convencimientos sin dejarse influenciar por los demás, y para ello saca a relucir sus propias vivencias, con la intención de que su público se sirva de su ejemplo, de su experiencia personal, para actuar en consecuencia. La intención del Jobs orador, la situaríamos en el Aclarar del Blabámetro.

El Blablámetro de Dan Roam contiene una fila más relativa a lo vívido, que tiene que ver con el mundo de las imágenes. Un campo apasionante cuya explicación quizás requiera un nuevo artículo. Por el momento mide tus intervenciones con el Blablámetro y haz lo posible por pulirlas para que contengan los menos “blas” posibles.